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Día 5 - Microacción: El registro del milagro

Hoy la práctica es sencilla.
Pero no la subestimes. A veces las cosas más simples son las que más mueven.
Hay una tendencia muy humana a esperar el gran momento. La experiencia transformadora. El
instante en que todo cambia de golpe y ya no eres la misma persona. Y mientras esperamos ese
momento extraordinario, dejamos pasar cientos de milagros pequeños sin siquiera notarlos.
El Curso nos dice algo diferente.
Nos dice que el milagro no es el evento grande que cambia tu vida externamente. Es el cambio
de percepción que ocurre internamente. Y esos cambios suceden todo el tiempo, en los
momentos más ordinarios del día, si entrenas el ojo para verlos.
Hoy entrenamos ese ojo.
Durante todo el día llevas contigo una sola pregunta. No la analices. No la respondas antes de
tiempo. Solo déjala vivir contigo mientras caminas, mientras trabajas, mientras hablas, mientras
haces las cosas ordinarias de tu día:
¿Dónde está el milagro aquí?
No busques algo grande ni espectacular. El Curso ya te lo dijo esta semana: no hay grados de
di cultad en los milagros. Lo que parece pequeño y lo que parece enorme vienen de la misma
Fuente y tienen exactamente el mismo valor.
Un milagro puede verse así:Notaste que ibas a reaccionar con irritación y elegiste respirar primero. Eso fue un milagro.
Alguien te dijo algo que normalmente te habría herido, y por un instante pudiste ver que venía de
su propio miedo, no de un ataque real hacia ti. Eso fue un milagro.
Estabas en medio de una preocupación y de pronto, sin razón aparente, sentiste un segundo de
paz. Solo un segundo. Eso fue un milagro.
Pensaste en alguien con quien tienes con icto y en lugar del juicio habitual apareció algo
parecido a la comprensión. Eso fue un milagro.
Te diste cuenta de que llevabas horas cargando un pensamiento de miedo y decidiste entregárselo
al Espíritu Santo en lugar de seguir rumiándolo. Eso fue un milagro.
Hiciste una pausa antes de enviar un mensaje que venía del enojo. Eso fue un milagro.
Viste algo bello en alguien que normalmente te resulta difícil. Eso fue un milagro.
Elegiste no alimentar un pensamiento de culpa sobre ti mismo. Eso fue un milagro.
Los milagros no siempre se sienten como liberación instantánea. A veces se sienten como un
pequeño alivio. Como un pensamiento que pesa un poco menos. Como un momento donde el
pecho respiró más profundo sin que lo hayas planeado. Como una conversación que terminó
mejor de lo que esperabas. Como la sensación de haber elegido diferente aunque fuera por un
instante.
Entrena hoy el ojo para verlos.
Porque lo que no se nota no se cultiva. Y lo que se cultiva crece.
Hay algo que el Curso enseña sobre esto que me parece de una generosidad enorme: cada
milagro que eliges no solo te bene cia a ti. Bene cia a todos. Porque cuando una mente recuerda
el Amor, algo en la conciencia colectiva se mueve. Como cuando se enciende una vela en un
cuarto oscuro: su luz no se queda en un rincón. Se extiende.
Eso signi ca que cada vez que hoy eliges ver con Amor en lugar de con miedo, por pequeño que
sea ese momento, estás contribuyendo a algo mucho más grande que tu propia paz.
Estás enseñando, sin palabras, que el Amor es posible aquí. En este mundo. En este día ordinario.
Con estas personas. En estas circunstancias.
Esa es una responsabilidad hermosa.
Y una muy ligera de cargar, porque no requiere esfuerzo extraordinario. Solo atención. Solo
disposición. Solo la voluntad de hacer una pausa y preguntar: ¿puedo ver esto de otra manera?
La práctica concreta es esta:En algún momento del día, detente aunque sea cinco minutos. Y escribe en tu cuaderno al menos
tres milagros que hayas observado hasta ese momento. No importa si te parecen insigni cantes.
Escríbelos igual. La consigna es sencilla: describir qué ocurrió, cómo lo estabas viendo antes, y
qué cambió en tu percepción aunque sea ligeramente.
No tiene que ser una transformación dramática. Basta con que algo haya sido visto con un poco
más de Amor que antes.
Y al nal del día, antes de dormir, cierra los ojos un momento.
Lleva una mano al pecho.
Y di en voz baja o en silencio:
Hoy elegí ver con Amor. Aunque sea una vez. Aunque sea por un instante. Aunque la duda
todavía esté ahí. Eso fue su ciente. Y el milagro ocurrió.
Porque sí ocurrió.
Aunque no lo hayas sentido completo. Aunque el ego haya tomado el control en más momentos
de los que quisieras. Aunque todavía haya situaciones que se sientan imposibles de ver con
Amor.
Cada elección de Amor, por pequeña que sea, es un milagro real.
Y cada milagro real te acerca un paso más al recuerdo de quién eres.

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