- (198) Sólo mi propia condenación me hace daño.
- Mi condenación nubla mi visión, y a través de mis ojos ciegos no puedo ver la visión de mi gloria. Mas hoy puedo contemplar esta gloria y regocijarme.
- No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.